Delirio febril I

Soñé que era una Princesa Vampira.

Era la menor de tres hermanas, ellas eran realmente bonitas pero poco amigables. Según la profecía, Gabriel, el Rey Vampiro, tenía que desposarnos a las tres a un tiempo mismo para garantizar así su reino eterno. A mí me daba mucho miedo y horror su piel de criptonita: púrpura como atardecer sangriento. A mis hermanas les parecía demasiado viejo, pero amaban el poder y Gabriel era sinónimo de poder.

El tiempo seguía su curso y aunque ellas me odiaban, al acercarse inevitablemente la fecha pactada para la ceremonia, en un acto desesperado, mis hermanas recurrieron a mí, sabían que no había persona que detestara más a Gabriel y ofrecieron ser mis aliadas: tenían novios mortales (bastante feos a mi gusto) y querían vivir con ellos, harían cualquier cosa para vivir a su lado.

Como medida extrema decidíamos fugarnos, pero no quedaba mucho tiempo para planear nuestro escape. La velada previa a la boda, nos reunimos las tres en mi alcoba.Del bargueño heredado de mi abuela, tomé una urna de porcelana y les indiqué con mi ejemplo como untarse el precioso contenido, un potente filtro solar. Este evitaría que nos convirtiéramos en estátuas de sal. Para nosotras, es peligroso salir a la luz del día sin la protección adecuada, somos muy delicadas.

Antes de salir el sol preparé un te, con algunas hierbas, y lo bebí al momento en que despuntaba el alba. De mi cabello saqué una daga de selenio y sin titubeos hice un corte en mi brazo derecho. Un hilo de sangre plateada escurrió entre mis dedos y les ofrecí el brazo a mis hermanas. Al instante palidecieron, pues no hay nada más prohibido y penado en el reino que beber la sangre de otro vampiro. Casi a la fuerza hice que bebieran, y en un instante se volvieron invisibles.

Una vez que estuvieron listas, acerqué mi lengua a la herida y al  contacto con mi propia sangre un ardor de mil infiernos quemó mi boca y comprendí que para mí no sería tan sencillo volverme invisible. Tenía que encontrar otra forma  para fugarme de Gabriel.

¡Se terminó febrero!

Este post lo comencé el sábado…

…sin acabar conmigo. Creo que no lo había comentado antes, pero febrero es un mes difícil, más que la época navideña, y que mi cumpleaños, febrero suele sacarme de mis casillas, (iba a poner ejemplos pero ya me dio flojera). Mamá y yo iremos a ver a Dylan mañana, tenemos boletos de 4 fila y me da harta emoción, casi tanta como la que me da el saber que Úrsula llega en dos semanas. Juntas y felices viajaremos a Guanajuato el primer fin de semana de vacaciones (waaa vacaciones *-*) para pasar en mi rancho los días santos (aunque serán días pesados porque buscaremos depa para la Urs, me siento muy motivada).

 aquí termina lo del sábado