Anoche, mi papá me dijo que tenìa muy abandonado al perro. Realmente no considero tenerlo abandonado, duerme conmigo, en mi cama, despertamos en la mañana y desayunamos juntos. Si es uno de esos afortunados días en que no hay trabajo matutino, vegetamos juntos en la cama, jugamos con su homónimo, o al “atrapa al monito”, o “quítame el calcetín”. Si es un día normal, o sábado de terapia, él se regresa a la cama a tomar el sol, y yo a hacer mis actividades. Cuando regreso del trabajo y hay luz (mèndigo cambio de horario) o es domingo y hay vía recre-activa salimos a pasear yo en la bici y el trotando alegremente como conejito en verde pradera. En las noches jugamos carreritas o al monstruo, y a veces invitamos a Naif. En la cena le doy una tortilla caliente y sus croquetas, y despuès de que me baño, disfrutamos de la cobija elèctrica en estas noches friolentas.

Mañana Huesitos, (Huesos es su nombre) y yo cumplimos 6 meses de conocernos, de salvarnos el uno al otro.
Creo, que es un perro feliz.